¿TIENES PROBLEMAS DE ANSIEDAD?

María se ha despertado esta semana una hora antes de que suene su despertador del móvil y ya no puede conciliar el sueño sin saber por qué. Naiala ahora baila swing los miércoles en su casal del pueblo gracias a un regalo de cumpleaños, pero comienza a sudar y experimenta una sensación de asfixia cada vez más intensa cuando le toca de pareja un niño que le gusta. Sarah ha sido diagnosticada con un segundo tumor en el pecho y se siente ansiosa cuando piensa que tiene que decírselo a su padre, ya que su madre murió de cáncer hace dos años. Enrique ha llegado a la consulta porque se encuentra de baja laboral por un ataque de ansiedad cuando se acercaba a pronunciar un discurso en inglés en el Mobile Congress del pasado martes.

María, Naiala, Sarah y Enrique han acudido a la consulta porque tienen síntomas de uno de los trastornos más prevalentes en nuestra sociedad actual, están sufriendo síntomas de ansiedad. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de ansiedad? La ansiedad humana es muy amplia y va desde las reacciones normales de miedo que ayudan a evitar un peligro claro y presente hasta el pánico incontrolable y la evitación inapropiada de personas, lugares y cosas en un esfuerzo por sentirse a salvo de todo mal. La sensación de miedo agudo y ansiedad de leve a moderada es omnipresente en la condición humana. Esto significa que un cierto nivel de ansiedad es bueno y necesario, como por ejemplo al hablar en público, hacer un examen o cuando hay una primera cita con una persona desconocida, otro aspecto es la intensidad de esta ansiedad que puede paralizar los mecanismos cognitivos, psicofisiológicos y emocionales. Sin embargo, cuando la ansiedad es injustificada, excesiva y persistente, o cuando interfiere en el día a día, se puede categorizar como un trastorno.

Los trastornos de ansiedad se suelen conceptualizar como miedo al miedo que produce altos niveles de angustia subjetiva, manifestación de síntomas somáticos y alteración de la vida cotidiana.

La preocupación se ha descrito como una activación persistente de la representación cognitiva de un/a mismo/a de la ansiedad, incluyendo pensamientos inquietantes, historias o imágenes de un posible peligro o amenaza. Cuando la amenaza excede la capacidad del individuo para escapar o lidiar con ella, puede ocurrir inmovilidad comportamental o hipervigilancia cognitiva, en un intento de dañar pasivamente el daño. Es como si un sistema de alarma para el hogar se activara con frecuencia a pesar de que no hubiera signos reales de intento de robo. Cada vez más estudios en humanos y animales indican que la activación repetida, exagerada o prolongada de la fisiología del estrés, además de la recuperación tardía de las respuestas biológicas en situaciones de estrés, puede contribuir al fracaso prematuro de los sistemas de órganos que pueden aumentar la susceptibilidad a enfermedades afectando directamente a la salud.

Cuando una persona tiene la atención centrada en los aspectos negativos de su propia experiencia, se siente preocupada por una posible desgracia futura o distorsiona la magnitud de un problema real a través de la catastrofización, es probable que esté sufriendo de problemas de ansiedad, ya que, en estas situaciones, la amenaza tiende a interpretarse de una manera no ajustada en ausencia de peligro real. 

Mientras que la percepción del miedo y la ansiedad se produce en el cerebro, la respuesta también se experimenta en el cuerpo.

La inducción del miedo y otras formas de efectividad negativa estimulan una amplia activación simpática que se origina en las rutas de la corteza cerebral y las estructuras subcorticales y que desciende a través del tronco encefálico, la médula espinal y los nervios simpáticos periféricos a los órganos de todo el cuerpo. Esto se traduce en síntomas somáticos como tensión muscular dolorosa, aceleración del pulso, presión arterial alta, arritmia cardíaca, dificultad para respirar y trastornos gastrointestinales. Dado que estas sensaciones internas son desagradables, la mente tiende a distraer la atención tratando de prevenir la ansiedad evitando personas, lugares, objetos, animales, etc.

Por eso, las prácticas de Mindfulness ofrecen una orientación donde la ansiedad es observada, se permite y se responde deliberadamente con franqueza, curiosidad y aceptación en lugar de evitarlo, ya que refuerza aún más el patrón angiogénico. Practicar Mindfulness aumenta la tolerancia a la ansiedad, interrumpiendo la evitación habitual y mejorando la autorregulación adaptativa y el funcionamiento saludable del cuerpo y la mente. Si quieres entrenar tu capacidad mindful, te recomiendo que entres en nuestro Canal de Youtube donde encontrarás prácticas enfocadas a la respiración, sensaciones corporales y emociones.

 

Daniel Borrell, psicólogo colegiado núm. 12.866

LA TELARAÑA DE LA PREOCUPACIÓN

La mente puede funcionar como una lanza en la dirección de su presa cuando una persona busca resolver un problema. La mente puede funcionar como una mariposa saltando de flor en flor cuando una persona no sabe lo que está buscando y también puede actuar como si fuera una lavadora cuando una persona le da vueltas al mismo punto. ¿Qué sucede cuando la mente actúa como una lavadora? ¿Por qué las personas nos preocupamos? ¿Dónde está el límite entre la preocupación necesaria y el pensamiento obsesivo? Esta metáfora de la mente como lavadora nos permite identificar el pensamiento obsesivo que se relaciona con las preocupaciones. Un alto nivel de preocupación se correlaciona con la ansiedad. Entonces, ¿de qué sirve preocuparse si aparece la ansiedad?

Es interesante conocer e identificar la diferencia entre la preocupación y la ocupación. Hay una diferencia principal entre el pensamiento que pertenece a la preocupación y la acción que le corresponde a la ocupación.

Una buena manera de manejar los estados de ánimo es ocuparse de las preocupaciones

Preocuparse permite que una persona se prepare para pasar a la acción. Cuando una persona destina una cantidad significativa de energía a la preocupación, evita resolver lo que le preocupa y es una fuente importante de malestar. La preocupación puede ser útil para pensar, reflexionar y detenerse; sin embargo, puede ser una fuente de incomodidad que causa parálisis al tomar medidas.

Como no hay correlación entre las preocupaciones y el control, es necesario aprender a vivir con la incertidumbre, las dudas y la sorpresa.

La preocupación patológica no reduce la probabilidad de resultados negativos ni aumenta la probabilidad de una confrontación exitosa ni es efectiva en la resolución de problemas específicos (Roemer & Orsillo, 2002, Wells, 2004)

Una buena estrategia terapéutica para disminuir el nivel de ansiedad causado por el pensamiento obsesivo es el Mindfulness: meditación para alcanzar la plena conciencia. Esta técnica nos permite distanciar pensamientos, aceptar la incertidumbre, aumentar la plena conciencia para desarrollar la creatividad y para no pensar en exceso.

En el Espacio de Psicoterapia Quantum buscamos soluciones. Por eso, proporcionamos recursos y espacio para aprender a lidiar con las inquietudes. Una buena filosofía de lo que buscamos se puede resumir con la siguiente reflexión:

Si un problema tiene una solución, ¿por qué preocuparse?

Si un problema no tiene solución, ¿por qué preocuparse?

Aquest lloc web fa servir cookies per que tingueu la millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment per a l'acceptació de les esmentades cookies i l'acceptació de la nostra política de cookies, punxi l'enllaç per a més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies

¿Quieres concertar una primera visita o solicitar información?