¿CÓMO TE TRATAS CUANDO SUFRES?

«Cuando tu miedo toca el dolor de otra persona, se convierte en lástima

Cuando tu amor toca el dolor de otra persona, se convierte en compasión»

Esteban Levine

Carmen trabaja como ingeniera informática y ha creado su empresa junto a dos personas hace justamente cuatro años. En la última cena de este fin de semana con sus amistades del barrio, hablaron de sus luces y, sobre todo, de las sombras. Carmen ha reconocido que le resulta difícil dedicarse tiempo, ya que le dedica demasiado tiempo a su trabajo. A su lado, está Jofre que ha explicado que le resulta difícil aceptar sus propios errores y este malestar le dura más de lo que debería. Hannah que vive con Jofre acaba de leer un libro sobre asertividad porque tiene muchas dificultades para decir que no, explica que termina haciendo muchas tareas que no quiere hacer y termina agotada al final del día. Joan, que acaba de romper con Martí hace apenas un mes, añadió a la conversación que no le gusta llorar cuando está triste porque le hace sentir débil y vulnerable. Finalmente, María, quien escuchó atentamente sus valiosas y honestas contribuciones, les ha hablado sobre un concepto que ha aprendido en un curso que está haciendo mindfulness: LA AUTOCOMPASIÓN.  Nadie en el grupo había oído hablar de ella…

Para entender la autocompasión de la que María habla en su grupo, primero debes entender lo que es la compasión. El término compasión proviene del latín y griego patiri y paskein (sufrimiento) y de la raíz latina com (con) por lo que la compasión significa sufrir con otra persona. La compasión tiene dos aspectos: por un lado, la empatía que experimentas ante el sufrimiento de otra persona y, por otro, el deseo de aligerarlo sin hacerte responsable.

Por esta razón, la compasión tiene elementos de empatía, de amor entendido como el deseo de que los demás sean felices y de altruismo entendido como motivación para ayudar a los demás. El término bondad amorosa también se usa junto con la compasión. En los cursos que realizo de Mindfulness, muchas personas cuando escuchan esa palabra la relacionan automáticamente con el sentimiento de lástima. Por esto, debe aclararse que, a pesar de tener ciertas similitudes, la diferencia es que la lástima contiene un sentimiento de superioridad hacia la otra persona que está sufriendo; por otro lado, la compasión se experimenta de igual a igual. En 2009, miles de líderes religiosos redactaron la Carta de la Compasión en la que la definieron de la siguiente manera:

La compasión consiste en tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos.

¿Qué tienen en común los y las protagonistas de la historia de este artículo? Es muy probable que necesiten potenciar la autocompasión para tomar conciencia de cómo se tratan a sí mismos frente a lo que no les gusta y hacerles sufrir, aunque identificarlo es un paso importante, valioso y necesario. La autocompasión nos permite darnos la misma serenidad, consuelo y afecto que enviamos a los demás cuando están pasando por una situación difícil, han cometido un error o se sienten perdidos. Difícilmente nos atreveríamos a tratar a los demás, como lo hacen muchas personas porque, de ser así, es muy probable que gran parte de las relaciones interpersonales se perdiesen. La autocompasión alivia nuestra incomodidad cuando hay acontecimientos que no podemos cambiar o cuando una persona lucha contra lo que siente que es lo que le pasa a Martí ante una pérdida o cuando una persona empieza a criticarse a sí misma creyéndose más responsable de lo que es por lo que ha pasado, como es probable que le pase a Jofre a la hora de gestionar los errores. Ante el sufrimiento, hay personas que se critican a sí mismas, se aíslan de los demás refugiándose en la comida o en el trabajo igual que le pasa a Carmen o también hay personas que se preguntan “¿Por qué me ha pasado esto?”. Tiene su relevancia porque habla de cómo nos cuidamos a nosotros mismos en la etapa adulta en la que ya no hay una persona que nos cuide, pues tenemos que aprender a hacerlo por nosotros mismos.

  • ¿Cómo te tratas cuando estás sufriendo?
  • ¿Reconoces esas actitudes internas que te causan sufrimiento?
  • ¿Cómo reaccionas ante las adversidades de la vida, ya sea por estrés, rechazo, dificultades económicas o soledad?
  • ¿Qué podrías hacer para relacionarte mejor con tu dolor?
  • ¿Tienes una actitud crítica ante tus errores?
  • ¿Te relacionas de la misma manera con el malestar de los demás?

Pon tu mano en tu corazón, escucha lo que dices y detente a reflexionar sobre estas preguntas para conocer cuidadosa y tranquilamente tus respuestas observando tus emociones, pensamientos, sensaciones físicas y/o recuerdos que aparecen dentro de ti cuando identificas la forma en que te relacionas con tu propio dolor.

¿Cómo te hace sentir al reconocer tus errores y límites? ¿Te das cuenta de que, si te tratas mejor, eso justamente te hace sentir más bienestar? Las personas autocompasivas cumplen mejor lo que se proponen, como hacer dieta, dejar de fumar o seguir el entrenamiento físico porque saben que es bueno para su salud y bienestar. También está relacionada con la reducción de la ansiedad, la depresión, el resentimiento y la ira al fomentar el bienestar, la satisfacción vital, la competencia, el optimismo y la conexión social. Por lo tanto, una persona autocompasiva sabe consolarse cuando falla, sabe animarse cuando lo necesita, crece gracias a sus errores y se compromete con sus logros. Los niños muy pequeños tienen un tipo de integridad basada en la autoaceptación expresándose libre y abiertamente; sin embargo, esto cambia más tarde el aprendizaje de no estar con uno mismo.

La investigación muestra que cuando una persona más se critica a sí misma, más difícil lo tiene para cambiar. La autocompasión es uno de los fundamentos del cambio.

Como nos dijo Carl Rogers (1961), la curiosa paradoja de la vida es que cuanto más me acepto como soy, entonces puedo cambiar. Por ello, quiero proponerte 5 acciones para mejorar tu autocompasión en diferentes aspectos de tu vida:

  1. Físico- ¿qué puedes hacer para cuidar mejor tu cuerpo? ¿Qué necesita tu cuerpo de ti? ¿Qué puede ayudar a calmarlo?
  2. Mental- ¿qué necesita tu mente para tener más armonía mental? ¿Qué pasaría si dejases de luchar?
  3. Emocional- ¿qué pasaría si te hicieras amigo de tus emociones?
  4. Relacional- ¿qué podrías hacer de manera diferente para dejar de aislarte?
  5. Espiritual- ¿qué te ayudaría a ser más fiel a tus valores?

Daniel Borrell, psicólogo y psicoterapeuta

Extraído del capítulo 5 sobre COMPASIÓN Y AUTOCOMPASIÓN del libro Simón, V. & Germer, C.K. (2011). Aprende a practicar midfulness. Barcelona: Ed. Sello.

¡QUIERO SER UN/A PARTICIPANTE!

¿Qué pasaría si hubieras salido de tu casa hoy mirando el paisaje que rodea el paisaje hacia la escuela donde llevas a los más pequeños a casa? ¿Cómo te sientes cuando centras tu atención en el sabor a kiwi que comes todos los días a la hora del desayuno? ¿Qué sucede en tu interior cuando tus sentidos están conectados cuando te duchas? ¿Qué sucede en tu interior cuando no dejas terminar una frase que recuerdas haber escuchado antes?

La mente del principiante consiste en una actitud marcada por la investigación y el descubrimiento constante sin la necesidad de nuevas experiencias.

¿A qué se refiere cuando se habla de la mente del principiante? Se refiere a uno de los siete factores que componen una actitud para la práctica del Mindfulness. Es posible que, cuando empiezas a dominar una materia que está relacionada con tu profesión o una afición, probablemente dejes de prestar atención a lo que haces de la misma manera que cuando no te sentías al principio. Por un lado, te proporciona seguridad; pero, por otro lado, dejas de lado tu mirada como a principiante.

Si nunca conoces a personas dedicadas a la vida monástica o a maestros de la tradición Zen, verás que te dicen que saben muy poco sobre meditación e incluso te recomiendan que estudies mejor con otra persona. No lo dicen por falsa modestia, sino porque tienen activada la mente del principiante. Nunca te ha pasado que, cuando haces un viaje, tu mirada hacia todo lo que te rodea sea la comida, el paisaje, la arquitectura o las personas que conoces es diferente a la de tu día a día. ¿Cómo sería un día si centraras tu atención en lo que vives y experimentas como cuando viajas fuera de tu zona de confort? Haz el experimento de sentirte como un turista en tu propia ciudad.

La mente del principiante es una actitud. No significa que no sepas nada, pero en ese momento tienes espacio para o quedar atrapado en lo que sabes, lo que has experimentado o ideas preconcebidas. Además, no saber nada no tiene nada malo, es básicamente sentir honestidad con uno/a mismo/a. Aunque muchas personas experimentan vergüenza porque tienen la creencia de que ya deberían saberlo o el miedo de ser juzgados como una persona ignorante. Cualquiera que trabaje en ciencia debe reconocer lo que no sabe y tenerlo en cuenta para poder descubrir cosas muy relevantes. Si una persona está demasiado preocupada por lo que ya sabe, no podrá dar el salto a la dimensión de la creatividad.

En muchas ocasiones, cuando ya has vivido algunas situaciones y las repites, no prestas suficiente atención a lo que sucede porque ya lo has hecho antes. La frase «ya lo conozco» aparece en tu mente. La mente del principiante te permite venir la curiosidad y la alegría que una criatura tiene frente a la vida y los desafíos que ofrece como si fuera la primera vez que sale del piloto automático. El reto que tienen los adultos es vivir la vida y cada uno de sus momentos como nuevos.

¿Qué hiciste hoy por primera vez?

¿Alguna vez te has hecho esta pregunta? Sí, deténgase a reflejar la respuesta de la mente del principiante, ¡la respuesta es TODO! El maestro zen japonés Suzuki Roshi afirmó que «en la mente del principiante hay muchas posibilidades, en la del experto hay muy pocas». Los principiantes llegan a la nueva experiencia sin conocimiento ni experiencia, pues llegan con una actitud abierta y creativa. Estamos hablando de una cualidad innata de la mente, ya que el momento presente es una sorpresa constante. ¡Siempre es nuevo! ¡Es por eso por lo que quiero ser un principiante!

Extraído del libro de Kabat-Zinn, Jon (2012). Mindfulness para principiantes. Ed. Kairós. Barcelona.

VACACIONES: ¿DESCONECTAR O CONECTAR?

Ahora que estamos en verano, cuando llegan las vacaciones, solemos decir: ¡qué ganas de desconectar! El lenguaje tecnológico vuelve a estar presente y podemos preguntarnos: ¿de qué queremos desconectar? ¿Qué significa conectarse o desconectarse? ¿Estamos cansados de nuestra vida cotidiana? ¿Con qué nos conectamos?

La temática puede suponer un reto: reflexionar sobre nuestra relación con la red social hacia la virtual. Cuánto tiempo paso al día conectada o conectado a mi teléfono móvil, Facebook, Instagram, Whatsapp, y cuánto en silencio, observando la casa, mi ciudad, la gente que amo, el proyecto que me apasiona…

Porque lo que realmente nos hace felices es el contacto conmigo mismo, con personas importantes y con el entorno.

La antropóloga Amber Case esta especializa en el efecto de las tecnologías en las personas y comenta cómo por la mañana muchas personas miran primero sus teléfonos móviles que a su pareja o a la persona con la que vivan. Y como se está substituyendo la red social por la virtual, se está dando lugar a la falta o dificultad de reflexión y la dificultad de estar presente.

Y veo las redes virtuales, las nuevas tecnologías, como un enemigo peligroso de la soledad alegre. La buena soledad que nos permite conocernos, crecer, darnos espacio para pensar, sentir, actuar conscientemente. ¡¡Porque con tanto estímulo tecnológico es muy difícil conectar con el interior!!

Me entristece ver a adolescentes pegados a sus teléfonos, quemando su potencial creativo, retrasando su desarrollo y avanzando hacia el mundo adulto, perdiéndose en un momento tan complejo y rico de experiencias interiores y exteriores. Sin olvidar que hacer un buen uso de las nuevas tecnologías tiene sus aportaciones, es necesario limitar y limitarse en su uso. Los límites en la adolescencia vuelven a ser fundamentales.

Porque es fácil convertir los teléfonos móviles (llenos de distracciones) en un aliado contra la incertidumbre, la ansiedad, la duda, la soledad, la curiosidad y la creatividad. Es más fácil distraerse viendo pasar imágenes de la vida, instantáneas de la vida de los demás, perder el tiempo buscando la mejor foto de perfil, para sentir que estás muy guapa/o de alguien que quizás no hayas visto durante años y al que saludaste por «whatsapp» la última vez.

Las relaciones se enfrían entre tantas redes virtuales donde la siguiente está lejos y lejos quizás más lejos. Dicen que hay un hilo imaginario que nos conecta con las personas que amamos y nos aman: ¡cuidemos de que no se rompa con tanta interferencia tecnológica!

¡¡Te invito a pasar parte del verano pensando en tu conexión-desconexión!!

¡¡¡Felices vacaciones!!!

¿TIENES PROBLEMAS DE ANSIEDAD?

María se ha despertado esta semana una hora antes de que suene su despertador del móvil y ya no puede conciliar el sueño sin saber por qué. Naiala ahora baila swing los miércoles en su casal del pueblo gracias a un regalo de cumpleaños, pero comienza a sudar y experimenta una sensación de asfixia cada vez más intensa cuando le toca de pareja un niño que le gusta. Sarah ha sido diagnosticada con un segundo tumor en el pecho y se siente ansiosa cuando piensa que tiene que decírselo a su padre, ya que su madre murió de cáncer hace dos años. Enrique ha llegado a la consulta porque se encuentra de baja laboral por un ataque de ansiedad cuando se acercaba a pronunciar un discurso en inglés en el Mobile Congress del pasado martes.

María, Naiala, Sarah y Enrique han acudido a la consulta porque tienen síntomas de uno de los trastornos más prevalentes en nuestra sociedad actual, están sufriendo síntomas de ansiedad. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de ansiedad? La ansiedad humana es muy amplia y va desde las reacciones normales de miedo que ayudan a evitar un peligro claro y presente hasta el pánico incontrolable y la evitación inapropiada de personas, lugares y cosas en un esfuerzo por sentirse a salvo de todo mal. La sensación de miedo agudo y ansiedad de leve a moderada es omnipresente en la condición humana. Esto significa que un cierto nivel de ansiedad es bueno y necesario, como por ejemplo al hablar en público, hacer un examen o cuando hay una primera cita con una persona desconocida, otro aspecto es la intensidad de esta ansiedad que puede paralizar los mecanismos cognitivos, psicofisiológicos y emocionales. Sin embargo, cuando la ansiedad es injustificada, excesiva y persistente, o cuando interfiere en el día a día, se puede categorizar como un trastorno.

Los trastornos de ansiedad se suelen conceptualizar como miedo al miedo que produce altos niveles de angustia subjetiva, manifestación de síntomas somáticos y alteración de la vida cotidiana.

La preocupación se ha descrito como una activación persistente de la representación cognitiva de un/a mismo/a de la ansiedad, incluyendo pensamientos inquietantes, historias o imágenes de un posible peligro o amenaza. Cuando la amenaza excede la capacidad del individuo para escapar o lidiar con ella, puede ocurrir inmovilidad comportamental o hipervigilancia cognitiva, en un intento de dañar pasivamente el daño. Es como si un sistema de alarma para el hogar se activara con frecuencia a pesar de que no hubiera signos reales de intento de robo. Cada vez más estudios en humanos y animales indican que la activación repetida, exagerada o prolongada de la fisiología del estrés, además de la recuperación tardía de las respuestas biológicas en situaciones de estrés, puede contribuir al fracaso prematuro de los sistemas de órganos que pueden aumentar la susceptibilidad a enfermedades afectando directamente a la salud.

Cuando una persona tiene la atención centrada en los aspectos negativos de su propia experiencia, se siente preocupada por una posible desgracia futura o distorsiona la magnitud de un problema real a través de la catastrofización, es probable que esté sufriendo de problemas de ansiedad, ya que, en estas situaciones, la amenaza tiende a interpretarse de una manera no ajustada en ausencia de peligro real. 

Mientras que la percepción del miedo y la ansiedad se produce en el cerebro, la respuesta también se experimenta en el cuerpo.

La inducción del miedo y otras formas de efectividad negativa estimulan una amplia activación simpática que se origina en las rutas de la corteza cerebral y las estructuras subcorticales y que desciende a través del tronco encefálico, la médula espinal y los nervios simpáticos periféricos a los órganos de todo el cuerpo. Esto se traduce en síntomas somáticos como tensión muscular dolorosa, aceleración del pulso, presión arterial alta, arritmia cardíaca, dificultad para respirar y trastornos gastrointestinales. Dado que estas sensaciones internas son desagradables, la mente tiende a distraer la atención tratando de prevenir la ansiedad evitando personas, lugares, objetos, animales, etc.

Por eso, las prácticas de Mindfulness ofrecen una orientación donde la ansiedad es observada, se permite y se responde deliberadamente con franqueza, curiosidad y aceptación en lugar de evitarlo, ya que refuerza aún más el patrón angiogénico. Practicar Mindfulness aumenta la tolerancia a la ansiedad, interrumpiendo la evitación habitual y mejorando la autorregulación adaptativa y el funcionamiento saludable del cuerpo y la mente. Si quieres entrenar tu capacidad mindful, te recomiendo que entres en nuestro Canal de Youtube donde encontrarás prácticas enfocadas a la respiración, sensaciones corporales y emociones.

 

Daniel Borrell, psicólogo colegiado núm. 12.866

LA COMPASIÓN COMO ESTADO MENTAL

«Todo acto perceptivo es un acto creativo»

Edelman

Podemos colocarnos intencionalmente en una inmensa gama de estado mental, emociones. Podemos decidir si contribuimos a fomentar el miedo, el resentimiento o el odio con clichés y prejuicios típicos.

¿Desde qué estado mental te paras frente al mundo?

Podemos dejar que otros nos contagien con su estado mental o podemos centrarnos en uno en el que queremos estar, incluso por unos momentos.

Creo que en este momento -con tantas personas interesadas en promover el odio y el miedo- es necesario y urgente desarrollar nuestra compasión. Tal vez algunas personas que lean estas palabras les suenen mal y en sus cabezas empiecen a disparar juicios y críticas. Pero la compasión es un producto avanzado de nuestra especie, que nos ayuda a sobrevivir. Implica al menos tres movimientos: el primero es que identifico la emoción – la mía y / o la de los demás. El segundo es que entiendo de dónde surge esta emoción, entiendo la narrativa -la historia que me cuento a mí mismo o que me cuentan, que ya sabéis que no es lo mismo que estar de acuerdo o compartir ficción- y el tercer movimiento es la realización de alguna acción para reducir el sufrimiento –el mío o el de los demás–.

Etimológicamente, en la palabra compasión encontramos un doble origen semántico. Por un lado, proviene del latín cum-passio, y aludiría al sufrimiento compartido con otro. De esta manera, com-passion sería acompañar al otro en su drama interior sería necesario completar esta definición inicial señalando que la compasión es la participación en el sufrimiento del otro, y diferente de este mismo sufrimiento, ya que la compasión no es sinónimo de identificación del estado de ánimo con la persona que sufre, sino que implica la movilización activa de todos los recursos, con el fin de transformar esta dolorosa situación tanto como sea posible.

¿Quién está a cargo de tu vida, de tu miedo o de ti?

¿Quién gobierna tus actos, tu enojo o tú? ¿O tus celos, o tu envidia, o impaciencia o cualquier otro estado mental?

Todos tenemos estas experiencias, sentimos estas cosas, pero podemos elegir no reaccionar ante ellas, tenemos un espacio de libertad para decidir desde dónde quiero relacionarme con el mundo.

El desarrollo de la compasión comienza con el buen trato hacia nuestro ser, con una dosis de bondad y cordialidad, entendiendo lo que nos pasa, contándonos una historia comprensiva, con poca persecución, con paciencia, abriéndonos a las experiencias, sin forzar, sin exigir, con sentido del humor.

Desde este lugar podemos ser capaces de acoger todo en nosotros, y contemplar nuestra sombra.

Ser conscientes de nuestro estado mental es el primer paso para transformarlo. La observación y descripción de su contenido es lo que nos permite no reaccionar impulsivamente, sino elegir el comportamiento más adaptativo en el evento que experimentamos. Es la conciencia de la mente que contempla la mente. La atención se asocia con la experiencia subjetiva de «caer en la cuenta» o «darse cuenta», es decir, la conciencia del estímulo. Es a partir de aquí que podemos reducir la impulsividad, típica de las emociones intensas y pasar a un proceso de toma de decisiones, para elegir el comportamiento más conveniente en el momento.

Soledad Calle Fernández

Psicóloga Col. Núm. 13.541

14 BENEFICIOS DE LA PRÁCTICA DE MINDFULNESS

Continúo, en el post de hoy, señalando las posibilidades de la práctica de la Atención Plena en nuestras vidas. Al desarrollar el «yo observador» en nuestra experiencia podemos ampliar nuestra libertad para que no nos quedemos atrapados en lo que experimentamos. Este beneficio es lo que permite:

Ampliar la conciencia

Intenta dejar de ser consciente, no percibas sonidos, ni tu respiración, ni tus pensamientos, ni tus emociones, ni tus sensaciones físicas.

Inténtalo y te darás cuenta de que es imposible.

El concepto de conciencia es un desafío para la ciencia, especialmente para la psicología. ¿Qué es la conciencia? Todos tenemos la experiencia de ser conscientes, pero es difícil identificarla y describirla. Desde un punto de vista científico podemos decir que es un producto del cerebro, aunque no sabemos si nuestro cerebro lo produce o «lo sintoniza». Cualquiera que sea el origen de la conciencia, podemos observar su doble cualidad, similar a la luz, que puede ser una onda y también una partícula. La conciencia puede enfocarse en un momento, en una experiencia que está sucediendo en aquel instante, y al mismo tiempo observar al sujeto que está experimentando ese instante sin aferrarse a él. Thich Nhat Hanh describe la mente como un televisor con cientos de canales. ¿Qué canal vas a sintonizar? Normalmente nos centraremos en la historia que nos muestra este canal, sin advertir que hay un destinatario de esta historia y miles de otras historias. A través del Mindfulness podemos observar qué canal estamos viendo, podemos cambiar de canal, podemos elegir la historia que se muestra en este momento fugaz.

La conciencia es como un espejo limpio y transparente que acoge las imágenes, que nos devuelve nuestro rostro, sea como sea, esté como esté. Pero el espejo es solo el reflejo. Así que nuestra conciencia no es solo ese momento que percibo. Es como el agua limpia y transparente que devuelve la imagen del que a él se acerca. Puedo percibir las teclas del ordenador en las yemas de mis dedos, puedo ver las letras que se están formando en la pantalla, puedo verme sentado escribiendo y leyendo, puedo percibir las sensaciones físicas de mi cuerpo. Mi conciencia reúne un número infinito de experiencias que surgen en el momento presente, y no es ninguna de ellas. Las cubre a todas, las acoge y no es ninguna de ellas.

Cuando aumentas la conciencia puedes reconocer más elementos de tu experiencia sin identificarte con ellos.

Reconocer los estados mentales de la conciencia

En este momento, te pido que percibas los sonidos, los cercanos y los lejanos, las voces, los ruidos, los de tu casa y los que vienen de la calle. Ahora lleva, por favor, tu atención al suelo que pisan tus pies, mira su color, si es consistente. También te pido que atengas al sabor de tu boca en este momento, y a los olores que percibe la nariz.

Presta atención ahora a las sensaciones físicas de tus pies, por ejemplo, a su temperatura, a su grado de tensión o relajación, a los puntos de contacto con el suelo.

Y por último, presta atención en este momento a los pensamientos de tu mente, también puedes llevar tu mente a un recuerdo y observar cómo fluyen las emociones, las imágenes o las ideas.

Todas estas experiencias son el producto de nuestra mente, son estados mentales que podemos observar desde nuestra conciencia. La naturaleza de los estados mentales es transitoria y podemos percibir cómo aparecen y desaparecen dando paso a un nuevo estado mental.

Los estados mentales son cambiantes, al igual que los paisajes a través de las estaciones, al igual que las fases de la luna.

La práctica que te propongo hoy es que elijas un recuerdo que describas como bueno o positivo. Observa lo que tu cuerpo siente frente a este recuerdo, observa el estado de tu mente frente a él, observa los pensamientos que surgen con este recuerdo, tal vez la asocies con el amor, la generosidad, la sabiduría, la alegría, la confianza.

Elija ahora un recuerdo que, por el contrario, califique los valores como malos o negativos. Aprecia cómo responde tu cuerpo a las imágenes que evoca este episodio, observa el estado de tu mente frente a él. Tal vez lo asocies con la preocupación, el egoísmo, la imposibilidad de aceptar algo, con la estupidez, con la rigidez.

Observa cómo surge y desaparece un estado mental y el impacto en tu cuerpo-mente.

Así como has elegido evocar un recuerdo u otro, puedes obtener un estado mental u otro.

EL TRIÁNGULO DRAMÁTICO

El triángulo dramático fue creado por Stephen B. Karpman (1972).

Consiste en un juego psicológico que consiste en una serie de transacciones complementarias con una motivación oculta y que suele terminar previsiblemente con malos sentimientos para ambos jugadores.

Según el Análisis Transaccional, los juegos psicológicos son una forma de estructurar el tiempo de las personas. Analizar los propios juegos psicológicos es una herramienta terapéutica muy poderosa para entender mejor los conflictos interpersonales. Los juegos tienen reglas específicas, una distribución de funciones, casi siempre juegan los mismos jugadores y, al final, pierden a todas las personas involucradas. A continuación, explico las características de cada uno de los tres roles involucrados en este juego.

Salvador:

  • Necesita que lo necesiten
  • Ofrecen falsa ayuda con el fin de lograr una dependencia de los demás a través de esta ayuda
  • Desprecia sus propias necesidades
  • Desprecia las capacidades y el poder de los demás
  • Sobrevalora las necesidades de los demás
  • Sobrevalora sus capacidades y poder

Víctima:

  • Necesita ser humillado o cuidado
  • Desprecia sus habilidades y poder
  • Desprecia las necesidades de los demás
  • Sobrevalora las capacidades y el poder de los demás
  • Sobrevalora sus necesidades
  • Se equivoca y comete errores para que lo persigan o salven

Perseguidor:

  • Necesita que le tengan miedo 
  • Necesita tener razón
  • No puede asumir la responsabilidad de sí mismo, porque culpa a los demás
  • Desprecia las necesidades, capacidades y poder de los demás
  • Sobrevalora sus propias necesidades, capacidades y poder
  • Es la consecuencia inevitable de los roles de Salvador y Víctima

Aunque cada jugador suele colocarse en un determinado rol, en un momento puede cambiar a otro facilitando la continuidad del juego. En términos de Estados del Yo, la transacción ocurre entre un Estado Padre Nutritivo Negativo (Salvador), Estado Padre Crítico Negativo (Perseguidor) y un Niño Sumiso Adaptado (Víctima).

En ningún momento de la transacción aparece el Estado del Yo Adulto. Si esto sucediera, el juego psicológico desaparecería

Si te sientes identificado en algunas de las características de este juego psicológico, el primer paso para salir de él es darte cuenta de lo que sucede, identificar el rol ocupado y entender que un juego es una forma inapropiada de pedir afecto. Otras estrategias terapéuticas son: evitar las descalificaciones, preguntar quién tiene el problema, evitar respuestas automáticas, ser más directo y atreverse a pedir colaboración a la otra persona para salir del juego psicológico.

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