¿QUÉ DICE LA CIENCIA SOBRE EL MINDFULNESS?

“Las personas meditadoras experimentadas son menos propensas a enfadarse, sorprenderse, frustrarse o a sentirse impactadas por los acontecimientos que de otras personas”

-Paul Ekman, Centro Médico de la Universidad de California

La práctica de la atención plena reduce el estrés y la ansiedad

Las personas con ansiedad, depresión o estrés presentan mucha activación de la zona prefrontal derecha el córtex. Sin embargo, las personas contentas y habitualmente relajadas presentan mayor actividad en la banda izquierda.

Los estudios realizados por numerosos organismos, desde la Asociación Americana de Psiquiatría o el National Centre for Biotechnology, han demostrado que después de meditar durante ocho semanas se produce un aumento en la activación de la zona izquierda del córtex en individuos que, antes de iniciar la práctica, tenían más activada la zona derecha. También han detectado una reducción de la materia gris en aquellas zonas relacionadas con el estrés y la ansiedad.

Por otro lado, un estudio realizado en el hospital John Hopkings con 3515 participantes concluyó en que el efecto de la práctica de Mindfulness sobre el estrés y la ansiedad era comparable con el efecto de los antidepresivos.

2. Mindfulness aumenta la sensación general de bienestar

La amígdala es una parte del cerebro que juega un papel clave en el procesamiento y la grabación de las emociones, especialmente del miedo. La amígdala está directamente involucrada en las reacciones ansiosas de lucha o de fuga. Diversos científicos han encontrado indicios de que la meditación influye en la amígdala reduciendo su tamaño y su actividad.

Estos datos nos ayudan a comprender por qué al introducir la meditación y la atención plena en nuestra vida empezamos a experimentar serenidad y calma.

3. La práctica de mindfulness incrementa la concentración, la atención y la capacidad para trabajar bajo presión.

Las personas que meditan muestran un mayor grosor en áreas del cerebro relacionadas con la atención, memoria de trabajo, toma de decisiones y resolución de problemas. Este aumento del grosor es proporcional al tiempo empleado en la práctica, pero parece que, después de solo 4 días de meditación, ya es posible observar una mejora en algunas de estas funciones.

La memoria de trabajo es una de ellas y tiene que ver con nuestra capacidad para satisfacer demandas y regular las emociones. En una situación estresante esta capacidad se reduce significativamente por lo que recurrir a prácticas de mindfulness puede ser muy útil para recuperar la claridad mental.

Al meditar entrenamos la atención en un objeto específico (respiración, sensaciones físicas, emociones u otro). Transferida a la vida real, esta capacidad nos permite realizar las tareas del día a día de forma más eficaz. Es por esto por lo que ya hay numerosas empresas que ofrecen capacitación mindfulness a su personal. Su práctica aumenta la concentración y la capacidad de mantener el enfoque, mejora la claridad mental en la toma de decisiones y aumenta la creatividad en la resolución de problemas.

Y lo mejor es que, si la práctica del mindfulness se convierte en un hábito, los cambios en el cerebro se convierten en definitivos.

4. Incrementa la velocidad a la cual nuestro cerebro procesa la información

Eileen Luders, profesora de laboratorio de neuroimagen en la Universidad de California, encontró que los cerebros de las personas que practican la atención plena muestran regularmente un mayor número de circunvoluciones en el córtex que los cerebros de los no meditadores. Las circunvoluciones son estos pliegues del cerebro que le dan su aspecto característico. Pues bueno, los neurólogos han determinado que el número de pliegues está directamente relacionado con la velocidad en la que el cerebro procesa la información.

5. La meditación puede mejorar el sistema inmunológico

Otros de los importantes beneficios de la meditación es el fortalecimiento de nuestro sistema de protección. A esta conclusión llegaron los doctores Richard Davidson y Jon Kabat-Zinn tras una investigación en la que se inoculó una vacuna a dos grupos de personas: algunas eran meditadoras y otras no. Varias semanas más tarde, los indicadores mostraron que los meditadores mostraron niveles significativamente más altos de anticuerpos.

Por otro lado, un estudio de Harvard Medical School demostró que, tras el yoga y la meditación, mejoraba la producción de energía en las mitocondrias, su consumo y resiliencia. Esta mejora representa un aumento en la inmunidad del sistema inmune y la resistencia al estrés.

6. Aumenta la estabilidad emocional

La meditación aumenta el volumen de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones (el hipocampo, la corteza orbito-frontal, el tálamo y el giro temporal inferior). Las personas que meditan regularmente tienen más capacidad para cultivar emociones positivas.

Ser capaces de mantener cierta estabilidad emocional nos permite afrontar con más fuerza los imprevistos de la vida, ejecutar nuestras tareas con mayor eficacia y relacionarnos de forma más saludable y eficaz con quienes nos rodean, lo que acaba dando lugar a una mayor sensación de bienestar.

7. Mindfulness ayuda a desarrollar la creatividad 

La práctica de mindfulness reduce la rigidez mental y aumenta la creatividad, reduciendo la tendencia a recurrir a patrones de pensamiento habituales y promoviendo el pensamiento divergente. ¿Qué es el pensamiento divergente? Pues bien, relacionar diferentes elementos para generar nuevas ideas.

En 2012, científicos de la Universidad de Groningen en Dakota del Norte descubrieron que 10 minutos de meditación mejoraba la capacidad de resolver problemas de manera creativa.

8. Ralentiza el envejecimiento celular

El envejecimiento de nuestras células se debe en parte a la reducción de los telómeros, una secuencia al final de los cromosomas, que se acortan cada vez que una célula se divide. Cuando los telómeros alcanzan un cierto nivel, la célula ya no puede dividirse y termina muriendo.

Hay una enzima, la telomerasa, que es capaz de reconstruir y alargar los telómeros.

Pues bien, un estudio ha demostrado que los cambios psicológicos derivados de la práctica del mindfulness aumentan la actividad de la telomerasa. No es que la meditación esté directamente relacionada con el aumento de su actividad, sino que el aumento del bienestar psicológico y la reducción del estrés obtenido con la meditación pueden conducir a un aumento de la actividad de esta enzima.

9. Mejorar la tolerancia al dolor

Una de las áreas donde más investigación se está llevando a cabo es en la relación entre el mindfulness y la disminución de la percepción del dolor. Varios estudios han demostrado que la meditación disminuye la percepción del dolor en pacientes que sufren de fibromialgia o dolor crónico.

Esto reduce el uso de fármacos y mejora la calidad de vida de los pacientes con dolor. 

10. Ayuda a retrasar el deterioro cognitivo típico de la edad

A medida que envejecemos, hay una disminución en la materia blanca en el cerebro. Del mismo modo, el córtex prefrontal se encoge con la edad, por lo que a las personas mayores les resulta más difícil recordar cosas, entender o razonar.

Según un estudio realizado por la Dra. Sara Lazar, de la Universidad de Harvard, meditadores constantes de 50 años mostraban un grosor de corteza cerebral similar a individuos de 20 años. Después de su investigación, la Dra. Lazar concluye que:

  • Los cerebros de las personas meditadoras se reducen menos con la edad.
  • Las conexiones neuronales permanecen más fuertes por más tiempo como resultado de la meditación continua.

Soledad Calle Fernández, psicóloga sanitaria y psicoterapeuta

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