LA MENTE AFERRADA

Nuestro ego se aferra a conceptos, ideas, objetos, personas y este aferramiento produce sufrimiento. El ego crea un personaje que tiene que defender lo que piensa y su posición y eso nos hace entrar en batallas y guerras inútiles. Cada vez que nos sentimos víctimas de alguien o de una situación nos hemos tomado las cosas de una manera «personal», las cosas suceden, pero el ego nos dice «las cosas NOS pasan». Nuestra mente construye una historia en la que somos muy importantes, aunque sea desde el sufrimiento. El ego nos hace querer tener la razón, en lugar de ser felices.

¿A MENUDO ENTRAS EN DISCUSIONES PARA TENER RAZÓN? 

El ego vive desde la carencia, desde lo que falta, desde lo que no es suficiente. Y nos convierte en esclavos de sus deseos: ser más jóvenes, perder peso, tener más dinero, viajar, ir más allá, lograr éxitos, tener más sexo, por ejemplo. Realmente no tenemos que hacer nada más que dejarnos llevar por el movimiento de la vida.  Erich From dijo que si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás.

¿A MENUDO TE ENCUENTRAS NECESITANDO ALGO MÁS PARA ESTAR BIEN?

La mente aferrada vive desde la separación, y causa sentimientos de aislamiento, soledad, de ser superior o inferior, o tal vez diferente de otros seres. Es a partir de la separación que los juicios aparecen con respecto a nosotros o a los demás.  El agua de mar causa olas, cada una es diferente y al mismo tiempo forma parte del conjunto del agua del océano o si nos fijamos en un campo de margaritas, cada margarita es la misma y al mismo tiempo diferente de las demás. Si suspendemos el juicio, o si lo dejamos ir, la aceptación de lo que ES en este instante emerge y nos libera de lo que “debería ser”.

MIRA LOS JUICIOS DE TU MENTE

El ego entra en competencia, necesita ganar y sentirse «mejor» que los demás, y esto es agotador e inútil, porque desde la comparación siempre habrá alguien mejor, con más dinero, más atractivo, más inteligente, o quizás menos, y es el principal enemigo de la buena autoestima, porque siempre tendrás que ser de otra manera, y es el juez más severo.

Obviamente, todo esto se puede aplicar a nivel colectivo: como grupos sociales, pueblos e incluso países. De hecho, la creación de estas categorías es evidencia del dominio de nuestro ego, que olvida que somos gotas de agua dentro del mismo océano.

Nuestro ego adopta diferentes máscaras:

  1. Víctima. Te sientes víctima de las circunstancias, o de las personas. La mente se pregunta, como en el título de la película ¿Qué he hecho para merecer esto?
  2. Salvador. Les encanta ayudar a los demás y a menudo no se cuidan a sí mismos.
  3. Dominante. Es la mente rígida la que dice cómo deben ser las cosas, autoritaria y que exige obediencia.
  4.  Rebelde.  Es el otro lado de la mente dominante, que se niega a colaborar a priori y cree que es mejor que el resto.

Desde el ego experimentamos sentimientos de culpa, y necesitamos que la realidad se adapte a nuestras expectativas, esfuerzo completamente inútil porque la realidad es lo que ES.

¿SUFRES DE TUS EXPECTATIVAS CON RESPECTO A TI Y A LOS QUE TE RODEAN?

La forma de suavizar el sufrimiento del ego primero es ser consciente de su existencia. Para tener esta conciencia, la práctica de la atención plena es una buena manera. Una vez identificado, podemos trabajar para LIBERAR las creencias que sustentan nuestro ego.

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